sábado, 9 de mayo de 2020

ME DETENGO




Una se programa la semana, el mes, algunos eventos importantes del año. De un día para el otro todo se interrumpió. Fui aceptando con resignación todo lo que se frustró:

·         - Cursar tres materias en la facultad en el primer trimestre.

·         - Visitar a una amiga embarazada.

·         - Una cena de apertura de las actividades militantes de este año.

·         - Liberar libros el 21 de marzo.

·         - Conectarme con las actividades de la Cooperadora de la escuela de mi hija.

·         - Escritura grupal de una biografía.

·         - Coordinar un taller literario por la tarde, que empezaba en abril.

·         - Ir al último recital de Cuentos Borgeanos, el 3 de abril.

·         - Ver JoJo Rabbit y Mulán en el cine.

·         - Organizar el acto del 25 de mayo.

·         - El cumpleaños de mi hija.

·         - Probablemente, organizar otra liberación de libros para el 21 de junio.

Ahora me levanto un poquito más tarde (nunca voy a extrañar levantarme 5:30), en mi vida hay más classroom, meeting y zoom.  Cuando la cabeza me estalla sumo Netflix y algún libro.  Sólo salgo para comprar y hacer pagos.  En esta melancolía del encierro a veces me detengo a mirar como el viento vuela las hojas doradas del otoño o el atardecer en mi terraza conurbana.

Siempre llegan nuevos brotes y nuevas luces.

 


sábado, 11 de abril de 2020

NETFLIX EN TIEMPOS DE PANDEMIA: OUTLANDER, EL AMOR Y EL FEMINISMO

El encierro por pandemia nos lleva a la necesidad de despejar nuestra enajenada cabeza. Así surgió este blog. Entro a Netflix, doy vueltas sin decidirme segura por nada … empecé a ver la serie sobre Freud y todo me hace ruido. Me cuesta reconocer al psiquiatra, padre del psicoanálisis que tanto leí durante los 90 en la universidad. No logro concluir la historia, por el momento.
Un par de personas me habían recomendado Outlander… Y para alguien que siente amor por la Historia y fascinación por los relatos de  viajes en el tiempo la tentación fue enorme. Equilibrada por el prejuicio feminista de encontrarme con una tonta historia de amor marketinera.
¡Me devoré las tres primeras temporadas en diez días!

Entonces, comienzo a escribir este texto habiendo visto sólo tres temporadas en streaming  y sin haber leído ningún libro. ¿Me estoy animando a opinar en mi blog  sobre una novela histórica, romántica y fantasiosa mientras no leí ni uno de sus libros y sólo ví la mitad de sus temporadas? Sí, absolutamente. ¡Qué descaro! Sí, pero voy a correr ese riesgo. Y me pregunto: ¿por qué me gusta Outlander? Desde aquí, el texto es spollier.
  • 1-      La fantasía de viajar en el tiempo para muchos es un imán irresistible. Desde “Volver al Futuro”, al menos para mí.
  • 2-      Escocia tiene unos paisajes increíbles y esto hace que la fascinación de la imagen me acobarde un poco al libro. Pero sin ese texto que alguna vez escribió Diana Gabaldón, hoy no podría disfrutar de los paisajes escoceses desde el encierro sanitario en el conurbano bonaerense.
  • 3-      El imperialismo y el colonialismo inglés es, como mínimo, antipático. Porque fuimos colonia de otro imperio y porque el Reino Unido de Gran Bretaña nos ha robado territorio. Entonces, rápidamente sentimos afinidad con la defensa escocesa por su cultura y religión. Aunque el debate político es sobre qué Casa Real va a dirigir una monarquía absoluta. Faltan unas décadas para que hablemos de libertad, igualdad y fraternidad.
  • 4-      Jamie Fraser. Y acá empiezan a dibujarse las paradojas. Jamie además de ser inteligente y atractivo– con un plus de belleza indiscutida que aporta el actor Sam Heughan  -  tiene una mente abierta que podría fascinar a cualquier mujer del siglo XIX. Hace poco una conocida se refirió a su marido como un “ogro de la época medieval”. Sí, queda mucho patriarcado por derribar, inclusive dentro de nuestras propias casas. Convivimos con ese patriarcado a diario. En una Escocia que parece detenida en el medioevo mientras la edad moderna ya había llegado, Jamie lucha por la soberanía de su pueblo, tiene pensamientos de avanzada y es un marido enamorado, respetuoso y comprometido. ¿Podemos pasar por alto algunas imbecilidades de época, como batirse a duelo o el derecho a castigar físicamente a su esposa por desobedecer una indicación que puso en riesgo al clan? Esto último es algo que a Jamie le genera culpa. Sobre esto que decido apartar se podría escribir al menos otro posteo. Este hermoso pelirrojo podría ser el prócer de la revolución de cualquier país liberado de su pasado colonial. Pero no, es el protagonista de una novela. Podría ser un marido post revolución feminista que codo a codo comparte laburo, militancia política y a la vez acepta tus diferencias en el siglo XXI. Tal vez también – y aquí queda la duda  – la crianza de los hijos. Pero no, vive en un libro ambientado en el siglo XVIII. Sin embargo, nos enamora porque saber amar a Claire y porque tiene mucho del ideal de nuevas masculinidades que apenitas si logramos en nuestro siglo. Sí, mencioné varias paradojas.
  • 5-      Claire. Interpretada por la talentosa Caitriona Balfe, quien además de su hermosura tiene una voz increíble. La crueldad del hospital de campaña durante la segunda guerra mundial, los viajes en el tiempo, la maternidad y sus estudios universitarios la empoderan. Sin lugar a dudas, prefiere la aventura a la vida doméstica. Es dulce y maternal como un personaje tradicional pero también es indómita. Es de las que sale a rescatar del encierro y la tortura a su amante, no de las que espera príncipes azules heroicos. Su primer marido prefiere la vida burocrática y la endogamia académica del siglo XX. Eso la va a ir desenamorando mientras se va enamorando de Jamie. ¡Cómo te entiendo, Claire! ¡Cuántas nos hemos enamorado a los 20 de jóvenes idealistas que dos décadas después apenas si piensan en algo más que el dinero y el prestigio! ¡Cuántas hemos fantaseado con retroceder el tiempo para avisarle al chico idealista sobre cómo sobrevivir a su ogro posmoderno interior!

Pero algo en Claire no me cerraba…
Había un ruido.
Algo me estaba molestando de Claire. Y era sobre Jamie Fraser. ¿Qué era? ¡Pero si yo quería que regrese por las piedras!
En un momento lo entendí… sabemos que el amor no tiene garantía para toda la vida y Outlander te vende eso. Ese era mi ruido, no las bestialidades de época. Las parejas que duran y se siguen amando – porque están las que duran y no se aguantan – lo logran porque dedican mucho tiempo seguir construyendo esa relación. A conocerse en cada nueva etapa de la vida. En algún lugar me enoja que una mujer profesional del siglo XX siga creyendo en el amor eterno. A esa Claire indómita sólo la domina el amor que atraviesa las décadas reales y lo siglos mágicos. ¿Y si hubiesen permanecido en la misma época y juntos o cercanos seguirían tan enamorados? Entonces, me acordé que el romanticismo es patriarcal. Tal vez no sería un problema para Claire porque tiene un marido increíble. Tal vez hubiesen atravesado alguna crisis, una separación temporal pero seguirían juntos y felices. Tal vez. Pero nosotras no vivimos en un libro, ni en una novela. En la vida real el amor no es para siempre y por eso las parejas se separan.

Espero ansiosa que Netflix suba la cuarta temporada. Imagino que Jamie sigue siendo amoroso e idealista, que no se convierte en ogro y que, entonces, valió la pena el tercer viaje de Claire en el tiempo.
Sin embargo, no puedo con mi genio. Quiero leer al menos el primer libro, aunque en el papel no haya drones mostrando paisajes escoceses.
Continuará…

jueves, 9 de abril de 2020

EVIDENCIAS

Hoy no quiero hablar de literatura infantil. Porque me di cuenta que me están sucediendo otras cosas y que a tod@s nos están sucediendo otras cosas. Hoy mis deseos son escribir sobre otras formas de la comunicación que no necesariamente son arte aunque pueden incluirla. Quiero hablar de l@s docentes y la pandemia. En estas casi cuatro semanas aprendí mucho sobre diferentes herramientas TIC útiles para educar y para preparar las tareas de mis alumnos. Otr@s colegas no necesitaron aprender tanto porque sabían más, otr@s aprehendieron mucho más que yo. Sin embargo, para tod@s fue un desafío. A algun@s nos gusta coquetear con la tecnología, en mi caso además estudio a distancia en una universidad pública. Sin embargo, esto fue diferente. Surgió la necesidad de utilizarla para sostener de manera virtual nuestro sistema educativo que es presencial, salvo excepciones puntuales. El sistema educativo que surgió con el normalismo, que acusamos de decimónico.
¿Qué quedó en evidencia en estas primeras semanas?
  • ·       Las provincias argentinas están preparadas en forma desigual para abordar la virtualidad. Otra de las consecuencias de la descentralización neoliberal del sistema. La provincia de Buenos Aires en ese sentido está en notoria desventaja. No hay una notebook o Tablet para cada alumno de escuela pública, como si sucede en otras provincias. Sus docentes nunca hemos tenido capacitación obligatoria en TIC aplicadas a educación. A pesar de tener uno de los diseños curriculares más actualizados para la educación primaria, la digitalización de sus escuelas públicas está muy demorada. ¡¡¡¡ Hasta la telefonía lo está!!!!
  • ·        A muchas familias les molesta  sentarse a hacer tareas con sus hij@s. El verbo “molestar”, en este caso vas más allá de incomodidad, de insistencia, de presiones. Refiere a esa idea descabellada de unas cuentas familias que creen que están haciendo el trabajo de un profesional de la educación. Quien  mientras tanto no estaría de vacaciones en su casa. Inmensa falacia. Con una necesidad mitómana de culpar, insistir y burlar a quienes educan a sus hij@s. L@s docentes estamos trabajando mucho más que antes mientras aprendemos nuevos formatos y nuevas herramientas para enseñar. Además, tenemos otras responsabilidades ajenas a lo laboral. Por ejemplo, es muy probable que una maestra criticada también se esté sentando con sus hij@s a hacer la tarea.

Estamos ante un problema  de irresponsablidad muy serio. En nuestras comunidades educativas tenemos familias que en lugar de exigir en las escuelas más calidad y  tecnología, para que preparen ciudadanos del siglo XIX critican  que la tarea es mucha… y esa tarea, ahora o más adelante, va a ser corregida por la misma persona a quien critican. “La escuela no es una guardería” es una afirmación trillada, pero hoy queda en evidencia que para much@s sí lo es. Entonces, l@s docentes pasamos a ser un chivo expiatorio en esta situación. Al igual que l@s profesionales de la salud que son “invitad@s” a mudarse de sus edificios para evitar contagios. Siempre hubo mediocridad y mezquindad entre l@s seres human@s.


Prefiero quedarme con quienes seguimos trabajando por sostener la educación desde casa, con l@s directivos y docentes que abren sus escuelas para el retiro de meriendas y almuerzos. Con las escuelas de arte y los talleres no formales – públicos y privados – que regalan propuestas lúdicas, canciones, cuentos, rutinas deportivas. Con las familias que agradecen nuestra labor, porque por suerte también las hay.
Sigo pensando que un sistema educativo de calidad puede hacer un profundo aporte al crecimiento de nuestro país. Esa es mi causa.