jueves, 9 de abril de 2020

EVIDENCIAS

Hoy no quiero hablar de literatura infantil. Porque me di cuenta que me están sucediendo otras cosas y que a tod@s nos están sucediendo otras cosas. Hoy mis deseos son escribir sobre otras formas de la comunicación que no necesariamente son arte aunque pueden incluirla. Quiero hablar de l@s docentes y la pandemia. En estas casi cuatro semanas aprendí mucho sobre diferentes herramientas TIC útiles para educar y para preparar las tareas de mis alumnos. Otr@s colegas no necesitaron aprender tanto porque sabían más, otr@s aprehendieron mucho más que yo. Sin embargo, para tod@s fue un desafío. A algun@s nos gusta coquetear con la tecnología, en mi caso además estudio a distancia en una universidad pública. Sin embargo, esto fue diferente. Surgió la necesidad de utilizarla para sostener de manera virtual nuestro sistema educativo que es presencial, salvo excepciones puntuales. El sistema educativo que surgió con el normalismo, que acusamos de decimónico.
¿Qué quedó en evidencia en estas primeras semanas?
  • ·       Las provincias argentinas están preparadas en forma desigual para abordar la virtualidad. Otra de las consecuencias de la descentralización neoliberal del sistema. La provincia de Buenos Aires en ese sentido está en notoria desventaja. No hay una notebook o Tablet para cada alumno de escuela pública, como si sucede en otras provincias. Sus docentes nunca hemos tenido capacitación obligatoria en TIC aplicadas a educación. A pesar de tener uno de los diseños curriculares más actualizados para la educación primaria, la digitalización de sus escuelas públicas está muy demorada. ¡¡¡¡ Hasta la telefonía lo está!!!!
  • ·        A muchas familias les molesta  sentarse a hacer tareas con sus hij@s. El verbo “molestar”, en este caso vas más allá de incomodidad, de insistencia, de presiones. Refiere a esa idea descabellada de unas cuentas familias que creen que están haciendo el trabajo de un profesional de la educación. Quien  mientras tanto no estaría de vacaciones en su casa. Inmensa falacia. Con una necesidad mitómana de culpar, insistir y burlar a quienes educan a sus hij@s. L@s docentes estamos trabajando mucho más que antes mientras aprendemos nuevos formatos y nuevas herramientas para enseñar. Además, tenemos otras responsabilidades ajenas a lo laboral. Por ejemplo, es muy probable que una maestra criticada también se esté sentando con sus hij@s a hacer la tarea.

Estamos ante un problema  de irresponsablidad muy serio. En nuestras comunidades educativas tenemos familias que en lugar de exigir en las escuelas más calidad y  tecnología, para que preparen ciudadanos del siglo XIX critican  que la tarea es mucha… y esa tarea, ahora o más adelante, va a ser corregida por la misma persona a quien critican. “La escuela no es una guardería” es una afirmación trillada, pero hoy queda en evidencia que para much@s sí lo es. Entonces, l@s docentes pasamos a ser un chivo expiatorio en esta situación. Al igual que l@s profesionales de la salud que son “invitad@s” a mudarse de sus edificios para evitar contagios. Siempre hubo mediocridad y mezquindad entre l@s seres human@s.


Prefiero quedarme con quienes seguimos trabajando por sostener la educación desde casa, con l@s directivos y docentes que abren sus escuelas para el retiro de meriendas y almuerzos. Con las escuelas de arte y los talleres no formales – públicos y privados – que regalan propuestas lúdicas, canciones, cuentos, rutinas deportivas. Con las familias que agradecen nuestra labor, porque por suerte también las hay.
Sigo pensando que un sistema educativo de calidad puede hacer un profundo aporte al crecimiento de nuestro país. Esa es mi causa.

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